HISTORIA



  • UBICACIÓN: Calle 52 Nº 47-42 (Junin con La Playa)
  • ÁREA CONSTRUIDA: 42,000 mt2
  • NÚMERO DE PISOS: 36
  • SÓTANOS: 3
  • PARQUEADEROS: 150
  • ASCENSORES: 9

CONSTRUCCIÓN

Desde 1968 / Hasta 1972

En 1967 Rodrigo Uribe Echavarría, el entonces gerente de la textilera, pensó en levantar un edificio para reemplazar la vieja edificación ubicada en la esquina de Junín con Colombia, que ya empezaba a resultar incomoda, y concentrar todas las oficinas de la empresa en un sólo lugar, que además tuviera previsto el crecimiento de la firma.

En ese momento Coltejer invitó a un concurso privado a ocho firmas de arquitectos para que presentaran el diseño del edificio, éstas a su vez tenían libertad para asociarse con otras del país.

Para anunciar el proyecto del Edificio Coltejer, en aquella época se hablaba de que sería el segundo rascacielos del país, una torre de 140 metros que sería levantada por la textilera en la mejor esquina de Medellín y que según el lema de la empresa, se trataba de hacer un edificio para Medellín que le sirva a Coltejer.

Esta frase y este propósito fueron interpretados por Raúl Fajardo como que el edificio debía ser un símbolo y con esta idea, se empezó a trabajar en los primeros bocetos.




El jurado que estaba compuesto por los arquitectos PIETRO BELUFCHI, DIKEN CASTRO Y EL INGENIERO ALBERTO VÉLEZ ESCOBAR, anunció su selección con los argumentos de que ese diseño había ganado por lo sobrio, simbólico y por que su deseño arquitectónico no pasaria de moda. Fueron 12 millones de pesos los que recibieron los ganadores como premio por los planos.





Con la edificación se dividiría en dos la historia de la arquitectura urbana. “…antes y después de la gigantesca torre de Coltejer, pasando por los Vetustos edificios Carré, Olano, Henry: los ‘rascacielos’ de Medellín de principios de siglo”, Ricardo García.

Fue así como el Centro Coltejer, se constituyó en el conjunto arquitectónico mejor ubicado de la ciudad, justo en la intersección de la Avenida La Playa y el pasaje peatonal de Junín , una zona que reunía la mayor actividad comercial y humana del Medellín de entonces. La empresa, consciente de la importancia del terreno, decidió invertirle todo a la tecnología y al diseño para conseguir un edificio innovador que respondiera a las necesidades y expectativas.



El remate del edificio, por su parte, es una estructura metálica recubierta de concretro; y el que tenga la forma de "lanzadera", según aclaró Raúl Fajardo, no es más que una coincidencia porque nunca se pensó en ello.

Incluso, las ventanas que tiene en los costados oriental y occidental en lo más alto del edificio, y que la gente las asimiló luego como los “ojales” de la “aguja”, no estaban en los diseños que presentaron los arquitectos. Su instalación obedeció a un requerimiento de don Rodrigo Uribe, quien manifestó que un edificio de esa altura sin una ventana desde donde divisar la ciudad era un desperdicio.

Entre sus novedades, estuvo el equipo de aire acondicionado, que fue el primer sistema de verdadero control de clima en el país, instalado en un edificio de oficinas. Esta tecnología permitía a sus ocupantes seleccionar y mantener automáticamente la temperatura deseada, ya fuera en días fríos o calurosos.

Considera demás que con su construcción llegó la destrucción de buena parte del patrimonio urbanístico antiguo, no sólo de Medellín, sino de las principales ciudades del país.

En Medellín esta “moda” empezó a darse desde finales de los años 60 y a o largo de la década del 70, en sitios estratégicos del centro como son La Playa, el Parque Bolívar, Maracaibo, El Palo y Sucre, en donde se empezaron a demoler “las mejores casas y villas de comienzo de siglo”, para dar espacio a torres “mixtas y consultorios de lujo como Darieles, Boteros, Gualanday, Casablanca, Dobaibe, Los Búcaros, Doral, Playa Horizontal, Palomar, Thunapa, Bancoquia, El Parque, Apabí, Echavarría y Los Álamos, entre otros”.

Pero no fue sino hasta la construcción de los edificios Furatena en 1966, con sus 30 pisos en Sucre por Colombia; el Coltabaco en 1967, Seguros Bolívar en 1967, que se inauguró esta tendencia en la ciudad.

Luego vinieron las torres Coltejer (la más alta); de la Cámara de Comercio en 1970, el Vicente Uribe Rendón, el Banco Cafetero entre 1974 y 1978, el Banco Popular, Fabricato, Colseguros y los multifamiliares de la Unidad Residencial Marco Fidel Suárez, más conocidas como “Las torres de Bomboná”, entre otros.




En la construcción del edificio se utilizaron seis millones de clavos de acero, 18 mil mt³ de concreto y 3.800 Km. de varillas de hierro. En cuanto a la mano de obra se invirtieron 700 mil horas por hombre.

 

El edificio generó 700 empleos directos, entre obreros, maestros y profesionales, además de 5 mil trabajos indirectos.

 

La gigantesca lanzadera que desde 1972 ha sido el símbolo de la pujanza de los paisas y de la ciudad industrial y textilera, es el remate de uno de los edificios modernos más queridos por los antioqueños:


Como si aquella aguja siempre hubiera estado allí, resulta ahora difícil imaginar aquel edificio ausente de las fotografías del centro de la ciudad.

Treinta años atrás, como si aquel sitio hubiese sido marcado por el destino, en esa misma esquina estaba ubicado otro bellísimo edificio: el “Gonzalo Mejía”, creación del arquitecto belga Agustín Goovaerts, que reunía en la misma construcción al hotel Europa y al Teatro Junín, demolidos en 1968, para abrirle paso al Monumental Edificio Coltejer.


SÍMBOLO DE LA CIUDAD

Llamaron entonces al ingeniero Alberto Vélez Escobar, quien propuso que el proyecto fuera ampliado de manera tal que el edificio, y en especial su remate fuera un símbolo para la ciudad.

Así mismo, don Mario Posada, entonces dueño de “Movifoto”, en una conversación que sostuvo con don Rodrigo Uribe, le dijo que si iba a levantar un edificio, que lo hiciera bien alto, de manera que se convirtiera en un símbolo, tal como la Torre Eiffel lo era para París, destacando así la importancia y pujanza que tenía la empresa en el país.

La decisión fue apoyada con el argumento de haber encontrado un lote ideal en la mejor esquina de Medellín, que de no haberse utilizado en un proyecto de envergadura se habría despreciado su potencial en pequeños lotes comerciales sin mayor valor estético.

ARQUITECTOS

Las propuestas de diseño del edificio se entregaron un viernes, el sabado expusieron los proyectos y el lunes siguiente a las cinco de la tarde, RAÚL FAJARDO, quien se había asociado con GERMÁN SAMPER, ANÍBAL SALDARRIAGA, JORGE MANJARRÉS y el ingeniero Jaime Muñoz, recibieron la noticia de que habían sido seleccionados

Se contrató entonces un equipo técnico conformado por Álvaro Londoño, Tulio Gómez, como subgerente y encargado de programación; Carlos Arturo Madrid, como interventor de la estructura; Leonel Suárez, como interventor de acabados y Rodolfo Restrepo como interventor de instalaciones. Todos ellos profesionales al servicio de la empresa Coltejer.


El 2 de junio de 1969, comenzó la controvertida construcción del edificio

en medio de la expectativa que generó en unos y crítica por su altura, en otros, que finalmente fueron catalizados por el gerente de la compañia, quien argumentaba que al estar la ciudad localizada en un valle tan estrecho no era posible que creciera más en sentido horizontal y que por esto tenían que buscar con los edificios altos la solución.


La edificación contó con la asistencia de computadores con los que calcularon las secciones justas, la forma adecuada de las cargas, los elementos estructurales que fueron ubicados de tal forma que tuvieran un doble aprovechamiento: ser transmisores de la carga vertical y al mismo tiempo absorber la energía en casos de sismos.

De hecho, el edificio está diseñado para resistir un sismo de 7.5 en la escala de Ritcher y puede llegar a desplazarse de su eje hasta 45 centímetros sin colapsar. Así mismo, la edificación tiene una fundación de cemento con hierro que alcanza los 13 metros bajo el nivel de Junín. Según cálculos que se hicieron entonces sobre a cantidad de concreto que se requirió para llenar la base, la fila de carros mezcladores hubiese alcanzado a llegar hasta Caldas.

Toda la construcción de la edificación, que en tiempo representó cuatro años de trabajos, requirió una inversión de 140 millones de pesos, a los que se le deben sumar 80 millones que costó la adecuación de las oficinas, todo financiado con recursos propios, sin acudir a la banca, ni a prestamos.

Cuando estuvo terminado, no hubo noche de gala, ni propaganda, ni vitrina, su celebración fue tan sobria como su diseño. Finalmente el Coltejer se convirtió en el segundo rascacielos del país después del edificio Avianca en Bogotá.

De acuerdo con las apreciaciones del historiador Luis Fernando Molina Londoño la llegada de los rascacielos en el pais fue dada por la expasión económica del Estado, la industria, la banca y la población; cuyas edificaciones "tenian el triple propósito de servir como indicador de poder económico de quienes las patrocinaban, producir el máximo beneficio financiero y crear marcas urbanas nuevas, aprovechando el elemento altura"